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sábado, 5 de febrero de 2011

La suerte de la inteligencia

En el cruce de los cuatro caminos hay que tomar una decisión. ¿Por cual de ellos se decidirá? Habrá quien  mire al sol o a las estrellas o a cualquier otra referencia posible, y opte por uno de ellos. Seguramente acertará. Cuando llegue a su destino es bastante posible que comente: "¡Que suerte he tenido, elegí bien!"
Otro caminante, tal vez menos avispado, saque una moneda y decida por sorteo qué camino escoger. Es bastante posible que las leyes de las probabilidades se pongan en marcha y tenga que volver de nuevo al cruce de caminos para desandar lo andado. Y aunque esto no ocurra y acierte a la primera su comentario será "¡He tenido mucha suerte, he conseguido llegar al sitio!"
Hay muchas veces que se confunde inteligencia y suerte y es posible, lo iremos comentado, que el mayor enemigo de la suerte (entendida como fortuíta) sea la inteligencia. Tal vez por eso en vez de atribuir suerte a alguno le deberían reconocer inteligencia.

martes, 18 de enero de 2011

¡Que la suerte te acompañe!


Desde luego, que te acompañe la suerte,  es de las mejores cosas que te pueden desear. En los viajes inciertos, en la búsqueda de nuevas ilusiones, y por supuesto, en la batalla diaria.   Si tuviéramos la certeza de que la suerte no nos abandona nunca, seguro que todos los días comenzaríamos un nuevo reto o no nos achantaríamos frente a las adversidades. Podríamos ser más valientes, decididos y audaces. El resto del mundo admiraría nuestra capacidad de decisión y de riesgo y nosotros apostaríamos a caballo seguro.  
Pero claro, de ser así - tener la seguridad  de que la suerte nos es favorable – nuestras acciones no tendrían mérito. Las afrontaríamos siendo sabedores de que el éxito es nuestro aliado y por tanto, nunca correríamos ningún riesgo porque el triunfo está garantizado. La emoción previa a la obtención del resultado se pierde y por tanto, perderíamos el interés o la curiosidad por alcanzar dicha meta.  Y estos dos últimos factores, interés y curiosidad, mueven el mundo. Así que lo hubiéramos cerrado hace miles de años. No estaríamos aquí. ¡Qué lástima!